Por Laura Woldenberg

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Coachella es un campo de polvo a la mitad del desierto, donde te rostizas en el día y mueres de frío en la noche, donde no te dejan fumar marihuana en paz y para beber necesitas meterte en un corral. Pero nos encanta. Es un festival perfectamente organizado que mezcla música, arte y moda. Tiene cinco escenarios para todos los gustos y lo mejor, no tienes que caminar mucho entre banda y banda.
Cumplió 10 años y aunque su fiesta de cumpleaños pareció de “nuevo pobre”, y con un lineup un tanto austero, fueron tres días de un buen atasque musical. Después de carteles como Radiohead, Pixies, Kraftwerk, Flaming Lips, Air y The Cure (2004) o Depech Mode, Massive Attack y Daft Punk (2006) Goldenvoice tiene difícil superar a sus hedliners, pero meter a The Killers como acto principal deja mucho de que hablar de la curaduría para su décimo aniversario.
Este año Leonard Cohen, My Bloody Valentine, Throbbing Gristle, Paul McCarthney, The Cure, Morrissey (como siempre carismático insoportable) fueron los encargados de escupirle a las nuevas generaciones y dejar claro quien manda. Aquí una breve reseña de los grupos que alcancé a ver, lamento si no menciono a algunos “obligados”.
VIERNES 17
Leonard Cohen se llevó la noche, disculpen fans de Paul McCartney y editores de la revista, pero, por mucho fue el mejor. A sus 74 años sigue teniendo esa voz sexy, ronca y elegante que desgarra y conmueve. A Leonard Cohen le crees todo, más si canta “Dance me through the panic till Im gathered safely in”. La presentación en el festival fue su segundo concierto en EUA en 15 años y es parte de una gira que culminará hasta septiembre donde recorrerá Norte América y Europa. Entre las canciones que más prendieron al público destacaron: “Hallelujah”, “Dance me to the end” y “Everyboody knows”.
Buraka Som Sistema fueron la sorpresa del día. A las 5:30 p.m. armaron un fiestón en la carpa Gobi con su ya característico sonido Kuduru, una mezcla entre samba y electro. El género es originario de Angola, por ahí se dice que significa “culo duro” y no me sorprende nada ya que después de bailar sin parar así te queda. Es muy parecido al favela funk de Brasil. Dj Riot es de los productores de la banda, si les interesa conocer más de este género échenle una escuchada a: Dj Znobia, Puto Prata o Bruno M (todos Angoleños). También los Black Keys tuvieron muy buena respuesta del público, el dueto de Ohio demostró cómo dos monos sin necesidad de una gran producción te pueden volar los sesos.
Mientras Morrissey se quejaba del olor a carne, con comentarios como “I can smell burning flesh and I hope some of it is human”, Beirut tocaba en la carpa Mojave, donde no entraba ni un palillo. Zach Condon, frontman de la banda, demostró tener una inmensa cantidad de fans que coreaban todas las canciones, entre ellas, “Elephant Gun”, “Nantes”, “My Night With The Prostitute From Marseille”. Entre sus músicos destaca Perrin Cloutier, acordeonista, quien junto con Zach grabó su reciente disco March of the Zapotec en Oaxaca.
Para finalizar la noche Paul McCartney salió a complacer a un público de todas las edades. Durante 2 horas 45 minutos el Beatle viviente de 66 años recorrió una larga parte de la discografía del cuarteto de Liverpool. “Drive My Car”, “Blackbird”, “Lady Madonna”, “Back in the USSR”, “Eleanor Rigby”, “Let it Be”, “I got a feeling”, “Hey Jude”, “Yesterday” fueron sólo algunas de las canciones que hicieron llorar a varios. Me pareció un homenaje a los muertos, fue una noche donde se recordó a John Lennon con “A Day In The Life” y a Harrison con “Something”. Además, coincidió con el aniversario número 11 de la muerte de Linda McCartney, y Paul creó uno de los momentos más emotivos de la noche al recordarla.

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SABADO 18
Para muchos el sábado fue el día más flojo de festival. No merece la pena gastar mis contadas palabras en reseñar el show de The Killers y, la verdad, me quedé dormida así que ni aunque quisiera. Por cierto, ellos se presentaron en la carpa Gobi en el 2004… en las épocas que Brandon Flowers se conformaba con tocar a las 4:15 p. m. y su nombre se veía sólo bajo la lupa en el cartel.
Thievery Corporation fue una de las presentaciones que valieron la pena. Se presentaron en el escenario principal justo antes de MIA y lograron mantener al público bailando al ritmo del downtempo que los caracteriza.
La sorpresa del día fue Tinariwen, una banda de Mail que mezcla su música tradicional con guitarras eléctricas. La carpa Gobi no tenía ni la mitad de su capacidad, pero al público sólo le faltaba cantar en árabe para demostrar su fanatismo.
TV On The Radio dejó con mal sabor de boca a más de uno de sus fans. Al parecer es una banda de estudio que no ha logrado dar el brinco para sus presentaciones en vivo. Los neoyorquinos tocaron “Dear Science”, “Staring At The Sun” and “Wolf Like Me”, rolas que suenan mucho mejor en disco y hubiera preferido quedarme con el recuerdo de escucharlas en mi coche. La misma situación sucedió con Junior Boys: hacen discos excelentes, pero que no se suban a un escenario.
DOMINGO 19
El domingo fue un día bastante movido. El IMS abrió el Outdoor Theatre y, aunque era muy temprano, se rumoró que la gente se prendió, bailó y sacudió el sudor. Un poco más tarde se presentó Lupe Fiasco que es siempre garantía de un buen show. A comparación de Lollapalooza, esta vez, le tocó un horario medio malo, pero no fue excusa para que la gente se concentrara en el escenario principal. Entre una nube de marihuana se veía a lo lejos Devendra Banhart. Hipsters con banditas doradas en la cabeza se desparramaban de la carpa Gobi para escuchar al hippie contemporáneo cantar cómo “la bandera de California tiene diez piernas rotas”.
El fin de Coachella se iba aproximando, pero aun faltaba una de las presentaciones más esperadas de aquellos tres días. El regreso de My Bloody Valentine el año pasado fue la mejor noticia para aquellos que clavan la mirada al suelo. Los padres del shoegazing se abrieron paso ante un público poco familiarizado con ellos pero poco a poco fueron hipnotizados. 15 minutos de distorsiones que sangraron los oídos hasta crear una hemorragia colectiva, acompañados de visuales atmosféricos, fue el clímax de su presentación. Las damas Belinda Butcher y Debbie George se llevaron la noche con la elegante rudeza que siempre las acompaña.
Para los fans de The Cure no tengo mucho que decir. Seguramente disfrutaron las eternas horas con Robert Smith y derramaron bilis cuando les cortaron el audio mientras “Boys dont Cry” se desvanecía a lo lejos del Empire Polo Field. Mientras los rostros pálidos miraban al escenario principal, Throbbing Gristle, penetraba los oídos de unas 200 personas en la carpa Mojave con cacofonías y experimentaciones sonoras que sólo la banda británica sabe hacer.
Los pioneros del sampleo se presentaron ante un público con tímpanos callosos y presentaron un perturbador show art-noise-rock que lamentablemente sólo aquellos herejes a The Cure pudieron disfrutar. Así tuvo su fin Coachella, a ver que sorpresas vienen el próximo año.
Gracias a Cuervo Especial por habernos emborrachado e invitado a este viaje.